
- Locura...
- ¿qué?
- ¿te acordás del viaje al sur que hicimos, allá por los años 94-95?
- ¡Sí, como dejar de recordarlo! (ya estaban vendiendo todo... hasta las ovejitas eran ajenas.)
- Y no sé, nos pasaron tantas cosas... individuales, grupales, sociales, económicas, políticas que uno llega a imaginar que le pasó a otro y no a uno. Pensé que ya ni los recuerdos de viajes retuviste en tu memoria vacía por los gobiernos que tuvimos.
- Uf... ¿no tenés un espejo?
- ¿para qué querés un espejo ahora?
- Para mirar que todo se repite delante de uno y uno no quiere ver que es peor, ...mirá que cara tengo, estoy toda despeinada, no traje el maquillaje, tampoco el peine y vos te pones nostálgica pensando en el viaje que hicimos al sur...
- Lo que sucede es que llevo en mis ojos tanta belleza, tanta flora (ya nos estaban talando las lengas los americanos), tanta fauna...
- Mirá que rompés con la flora y la fauna...
- Es que después de mucho tiempo de ese viaje y mirando las fotos que sacamos, descubrí que la pingüinera en la que habíamos estado, era más interesante de lo que yo pensaba de ese pájaro bobo, es así que me interese por sus habitantes, y así es que aprendí muchas cosas aplicables a la vida humana... ¿me entendés?
- ¡NOOOOOO! Terminala con estas cosas que a nadie le interesan... ¿o sí?... dale contame...
- El pingüino
es un ave marina no voladora y según leí, el nombre respondería
a grasa (penguigo en castellano, pinguis en latín), su supervivencia
es caótica, porque enfrenta continuamente los desafios diarios
de los predadores que se mueven a su alrededor, más los fenómenos
naturales como por ejemplo las tormentas, éstas les dificultan
a veces llegar a sus nidos o a sus pichones...
¡no me estás escuchando con atención!...
- Sí te escucho atentamente todas las huevadas que decis... seguí...
- Tarda en salir del cascarón 24 horas aproximadamente, rompiendo continuamente el huevo con su pico tipo uña, y pesa casi nada, sí me escuchaste bien es casi insignificante su peso, y es el papá con la mamá (o algún tío político) los que se encargan de cuidarlo, alimentarlo y abrigarlo para darle la temperatura corporal necesaria para que crezca. Cuando tiene aproximadamente 20 días el tipo se las pica solo y empieza a vagar por la colonia, no se queda en ningún lado, sólo campanea a los demás, pero eso sí, se reune con los grupos de las llamadas guarderías...
- Pará ¿cómo guarderías?
- Sí llamalas guarderías, guaridas, cuevas, casa, nación, país, comunidad, pueblo... que se yo ¿me seguís escuchando o no?
- Sí, dale...
- Cuando
el tipo ya creció, ya aprendió, ya está ducho en
la materia, sale a rebuscarse el morfi, y esto sí es bueno que
escuches con atención como lo hace... se para (no solo él
sino toda la pingüinera) en una roca y espera que una gran ola
lo impulse a buscar su alimento (no se fatiga, solo abusa de su audacia)
y para regresar usa el mismo método pero a la inversa, lo que
él no sabe es que si se queda último, la ola que llevó
a los demás puede volver y atraparlo en el intento, y caer desprevenido
al mar nuevamente, y así carne rica para los atorrantes lobos
marinos y otros predadores, que lo van a sacudir hasta partirle la espina
dorsal, comerle las entrañas, y despreciar lo que quede del pingüino.
Pero no termina acá la carnicería que hacen con él,
siguen los petreles y así sucesivamente hasta que desaparezca
del mapa (digo del agua).
Aproximadamente a los cuarenta días de vida cambia el plumón,
(éste es mi pollo dice...) por su primer plumaje, primer trauma
para ESTE PINGÜINO...
- ¿Por qué?
- Porque ésta transformación de su plumón a plumas se genera en sus propios tejidos corporales, ¿me entendés? Aunque le duela, le llegó la hora de crecer, de convertirse en lo que prometió, ¿o no prometió nada?
- No, pero seguí...
- Un día decide hacer su ruta migratoria, poco se sabe donde, por donde o hacia donde se raja, pero el tipo se va sin dar explicaciones a sus papás (o tíos políticos).
- Y...
- ¿Y qué? Te parece poco...
- Ya terminaste...
- No no terminé, pero no quiero seguir pensando en las pingüineras porque no hace muchos días escuché decir al Presidente de la Nación Argentina: “Sí, soy pingüino, sí, pingüino."
Y sabés, yo no sé para donde está el oleaje, ni siquiera si lo hay... y no sea cosa de que a este pingüino que abusa de su audacia, lo agarre una ola mal parado y lo tire en las fauces de los predadores...
Aunque por otro lado no sé que pensar, porque en esta pingüinera que te conté, ya ví a tantos viejos pingüinos salir a la ruta migratoria y desaparecer cuando las papas queman, mientras los predadores se comen a la colonia, para luego, al tiempo volver totalmente cambiados de plumaje.
Y sabés... mejor te sigo contando de la flora, ¿querés?
Guadalupe
Freiría González
Directora


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