¿Cómo
empezó con la investigación fotográfica?
Empecé mi carrera en el Instituto Nacional de Cinematografía, en la Universidad
del Litoral, donde estudié en los años '60. Allí se planteaban trabajos
para los cuales hacía falta conseguir documentación fotográfica. Fue al
ver la carencia de archivos y de una planificación mínima para recuperar
el patrimonio fotográfico, que con mi amigo Esteban Courtalón - que hoy
es un fotógrafo importante de cine - decidimos hacer un archivo propio
de las colonias agrarias de Santa Fe. Empezamos a recorrer las más cercanas
al pueblo de Franck, de donde soy oriundo. La idea era reproducir las
imágenes en 35 mm.
¿Recorrían instituciones de la zona?
No había tales instituciones, excepto en Esperanza. Las fundaciones
de los museos en los pueblos de Santa Fe y creo que esto sucede en general
se producían cuando se festejaba algún aniversario muy simbólico, en
especial los 100 años. A principios de los '60 prácticamente no había
museos, así que visitábamos las casas del pueblo. Yo hacía el trabajo
preliminar de ver y seleccionar, y el fin de semana volvíamos con Courtalón
para hacer las reproducciones.
¿Cargando
las luces y todo lo necesario?
Teníamos un autito que compramos para hacer el trabajo. Era un
proyecto personal y ni se nos ocurrió salir a pedir dinero para hacerlo.
También recuperamos algunas fotos de familias allegadas de Santa Fe.
Aún tengo los contactos: son 400 imágenes. Las familias nos permitían
hacer esto porque confiaban en que no las utilizaríamos perversamente.
Y esa confianza fue justificada. Algunas de esas fotos ilustran trabajos
que escribí y otras esperan aún su turno. Los originales a esta altura
pueden estar perdidos. Sobre todo el álbum de un molino de San Carlos
Sur, que había hecho un fotógrafo santafecino. Las fotografías de fábricas
son escasas, los dueños hacían hacer un álbum, pero ya no están. Llegamos
a Esperanza y allí encontramos el archivo de placas de Fernando Paillet.
Pablo hacía las copias, una la dejábamos en el museo y otra era para
nosotros. Estabamos en eso cuando por razones políticas Pablo se fue
a Venezuela y yo me vine a Buenos Aires. Era el año '74. Yo seguí trabajando
en Paillet de todas maneras, hasta que hacía los años '80 cuando se
funda el CAF (Consejo Argentino de Fotografía), llevé allí los materiales
de Paillet. Así conseguimos el apoyo de las instituciones de Esperanza
y se hizo la primer exposición sobre Paillet.
¿A partir
de entonces incrementó su participación en la investigación histórica
de la fotografía?
Después de la apertura democrática me acerqué a conocer el Archivo
General de la Nación. Allí estaba el historiador Enrique Barba, pero
fue el amigo Saguier el que nos llevó a varios colegas a conocer cómo
estaban los sótanos del archivo. Allí comenzamos un trabajo de índole
político cultural para dar a conocer esta situación. En el '84 se hizo
una exposición del archivo Witcomb con el fin de mostrar cómo estaban
las cosas y de pedir ayuda por el estado crítico de los materiales.
El tema de la conservación del patrimonio fotográfico comenzó a ser
cada vez más claro como problema. Me llamó mucho la atención una declaración
suya en la que decía que aún cuando hubo fotógrafos anarquistas, la
estética que muestran esas fotos era la misma que la de la casa Witcomb.
Había fotos que mostraban las condiciones de vivienda de los pobres,
pero con un interés apenas costumbrista, o incluso sanitario: como aviso
a las autoridades de lo que sucedía. No había un verdadero espíritu
de denuncia social. Parecería que no se hubieran detenido en el dramatismo
de las condiciones de vida y trabajo que mostraban, por ello no podemos
llamarlas fotos críticas ni de denuncia.
¿Qué
opinión le merecen los archivos en la Argentina?
Al no haber muchos archivos no hay estímulo para el estudio. Esta
faltando este elemento. No sólo recuperar y tomar medidas para la conservación:
también es necesario crear una cultura de consulta. El Archivo General
está organizado para servirse de fotografías al margen de su historia.
Lo más obvio en el Archivo General, el autor, no figura. Con la Fundación
Antorchas se realizó un trabajo de archivo basado en unos libros donde
se anotaban las características de los negativos y otros donde figuraban
los datos de los clientes. En total se hicieron más de 50.000 fichas
individuales. Aunque hoy no sé qué habrá pasado con toda esa información.
No hay apoyo institucional para el rescate de la fotografía histórica
y lo único que existe son emprendimientos personales o apoyados por
fundaciones.
Las
primeras fotografías de Buenos Aires datan de 1865. ¿Cómo se llega a
determinar quién fue el autor?
La forma de averiguarlo es hurgar en las hemerotecas, y en los folletos
de las exposiciones industriales de la época. En este sentido la investigación
no difiere mucho de la de los investigadores de arte. Las cédulas testamentarias
también son buena fuente. Ha partir de allí uno puede averiguar vinculaciones
del autor con las casas fotográficas del momento. Uno se pregunta sistemáticamente
dónde buscar. El trabajo concreto de las publicaciones también trae
resultados.
¿Cómo
se producen esas publicaciones?
Cuando hacemos libros sobre Buenos Aires del siglo XIX acudimos a instituciones
amigas: Los amigos del Tranvía, el Museo Ferroviario, coleccionistas
particulares, investigadores, la Academia de Bellas Artes.
¿Como
se realizó el libro "Buenos Aires. Ciudad y campaña. 1860-1870"?
Este libro último sobre "Buenos Aires, ciudad y campaña. 1860 a
1870", era un libro dedicado en principio a Benito Panunzi. Lo planteamos
así porque parecía que Panunzi que había sido el titular de dos estudios,
el de la calle 25 de mayo 25 y el de Cuyo 55. Pensabamos que al juntar
las fotografías que tenían el sello 25 de mayo tendríamos todas las
vistas de la ciudad hechas por Panunzi. Pero descubrimos que el fotógrafo
Esteban Gonnet era el autor de los albumes con el sello de 25 de mayo
25, con lo cual a mitad de camino del libro tuvimos que decidir que
hacer. Pensamos: no hay tanta fotografía de la década del sesenta, por
lo cual publicamos todo lo que habíamos conseguido. Este libro aclara
una confusión acerca del inicio de nuestra fotografía. Y da a conocer
a un público relativamente masivo lo que antes pertenecía únicamente
al conocimiento parcial de muy poca gente, es decir a los dueños de
los álbumes. Entonces, la investigación de este libro no solo permitió
dilucidar el problema de la autoría de las fotografías más antiguas
de Buenos Aires, de gauchos y de indios, sino que permitió hacer conocer
las imágenes que hasta ese momento eran muy parcialmente conocidas.
¿Las
publicaciones cumplen la función que deberían cumplir los archivos?
Sí. De algún modo este libro último viene a suplir la inexistencia
de un buen museo o un buen archivo nacional, que debería haber comprado
en su momento alguno de los álbumes que salían a la venta y plantearse
la compra de estos materiales como una política institucional. De modo
que cuando los anticuarios reciben estos materiales levanten el teléfono
y hablen al Museo y se los ofrezcan. Esto no existe, y si ha existido
alguna vez fue ocasionalmente. Es decir que, por ejemplo, no hay un
solo álbum de Panunzi en un archivo o museo nacional.
¿Se
puede llegar a estar frente a una foto de Panunzi sin ni siquiera saberlo?
Por supuesto. Hay un retrato muy importante, que es el retrato
de Casimiro Biguá, que siempre fue atribuido a Panunzi, porque tenía
el sello de 25 Mayo 25. Ahora sabemos que no era de Panunzi, que Gonnet
era el autor. Es decir, ni siquiera las copias tienen detrás el sello
"25 Mayo 25", con lo cual se podrían adjudicar sin duda a Gonnet. Pero
esta foto fue vendida en 5.000 dólares en New York como si fuera de
Panunzi.
Fue
muy visitada la muestra de la Casona de Olivera "Buenos Aires al Sur",
organizada por la Corporación del Sur y de la cual usted fue curador.
¿ Le parece que existe un acercamiento mayor a este tipo de muestras
de parte de la gente?
Sí. Pasa también que cuando la persona está vinculada por su propia
historia a los lugares que las imágenes que se muestran revelan y están
rememorando, la fotografía histórica se convierte en atractiva. La importancia
de esa muestra es el nexo entre la memoria y el futuro de esa zona de
la ciudad.
Usted
dijo alguna vez que las fotografías antiguas nos hablan de lo que la
comunidad pudo o supo conservar. ¿Cree que dar a conocer fotos de cómo
era la ciudad dispara una mirada de mayor conciencia hacia lo actual?.
No nesesariamente. La muestra en todo caso plantea llamar la atención
sobre las dificultades de la memoria fotográfica. La memoria personal
tiene vacíos, zonas que uno por la razón que fuera, deja en sombras
y quizás dejará en sombras hasta que se muera. Esto es reversible, en
fotografía lo que se tiró ya se perdió. Pero hay mucho material, nunca
sabemos bien, que es recuperable en cada momento histórico. Pero nunca
queda muy definido el espacio de la fotografía en este sentido, se trata
de documentos ambiguos, que pertenecen al arte, a la sociología, a la
historia propiamente dicha y a la fotografía misma.
¿Que
saber encierra para usted una fotografía?
La fotografía tiene un saber peculiar, primero que es muda. Segundo
tiene con la realidad una relación de inmediatez que la convierte en
una sucedánea de la realidad. Pero un sucedáneo muy particular, es un
punto de vista único del fenómeno. La única foto que existe sobre Plaza
Once es la fotografía de Panunzi. Ahora sabemos que hay otra, poquito
después con las carretas y todo. Pero son dos fotos. Entonces, Plaza
Once es eso. La realidad de Plaza Once es este punto de vista de Panunzi.
Este encuadre. Quiere decir, en este sentido la fotografía con su discurso
mudo, en realidad lo que hace darse palabra convocando a nuestro saber.
Solicita que nosotros proyectemos lo que sabemos de ese período histórico,
lo que nuestro imaginario tiene rondando sobre este período histórico.
Sobre el gaucho, sobre las cosas que pasaban aquí.
Inmediatamente
recordar desde lo primero que leíamos hasta lo que nos acordamos que
nos contó el abuelo...
Todo eso, y si viviste en Buenos Aires, y si naciste en Buenos
Aires y si naciste en el Once, digamos, bueno, eso ya tiene otro carácter.
La foto te lleva a pensar que sos vos y ¿qué hay de vos aquí? ¿Qué hay
del hoy aquí?. Una de las cosas interesantísimas que a mí me ha pasado,
viendo la fotografía más antigua de Buenos Aires, es comprobar de un
modo inmediato, el cambio enorme de esta ciudad en treinta años. En
el período que va de las fotografías de Panunzi y Gonnet hasta fines
de siglo, cambió un mundo. De ciudad colonial, pasó a ser una ciudad
moderna, europea en casi cuarenta años. Es decir, el registro del brutal
cambio histórico y de los vuelcos culturales surge mirando la fotografía.
Este conocimiento de lo urbano, del desarrollo de las ciudades, lo que
convoca la fotografía, lo que convoca como proyección... Y en este sentido
tiene muchos discursos. Tiene tantos discursos como intereses estimuló,
por así decirlo: sociológico, personal, íntimo. Entonces, es un documento
abierto muy peculiar. Un tanto inaferrable. Un documento estético, sociológico,
uno histórico, propiamente. |
 |


Fernando Paillet

Benito Panunzi.
Plaza de la Victoria. c1867
Colección Carlos Sánchez Idiart

Anónimo
Cacique Casimiro Biguá. c1864
Colección John Walter Maguirre

Esteban Gonnet
Gauchos. c1866
Albúmina sobre cartón. 133x206mm

Alejandro S. Witcomb 1835-1905
Publicación La Azotea

Alejandro S. Witcomb 1835-1905
Publicación La Azotea

Fernando Paillet

Tte. Federico Feloni muerto, con sus compañeros
de la Legión Italiana.
Daguerrotipo 1/2. Argentina 30 de mayo de 1853
Colección Juan Isidro Quesada

Wall Street. Paul Strand. 1915

Fernando Paillet

Fernando Paillet

Fernando Paillet

Tapa de una de las pocas Carte-de-Visite de
Panunzi que llevan su nombre junto con el
logotipo del negocio.
Col. Carlos Sánchez Idiart

Carpeta utilizada
por el fotógrafo a principios de 1868, para distribuir por
entregas las fotos de su Album Panumzi.
Col. Biblioteca Nacional
"El
archivo de Paillet es el único de un fotógrafo en Argentina del siglo
XIX que tiene literatura de la época. Es muy interesante y revelador
saber sobre su interés por la información fotográfica. Por ejemplo
hay un libro del Foto club de París de 1900, como también trabajos
de los máximos pictorialistas de la época y hasta una traducción al
francés del Pictorial Photografique de Robertson (1890). Todo esto
demuestra su amplia formación. Es decir que no hablamos de un improvisado."
|