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Aquella ventana

Publicado: 29-08-2010
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Por: Miguel Fernandez Medina (Elfs)

Barquisimeto - Venezuela
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   Vagando por una calle enmudecida, tal vez por los muros de hormigón, tal vez por la llamada vida, tal vez por la noche misma; entre montones de basura, donde construyo su hogar, el destino hizo encontrarme con un amigo, cuya sonrisa y mirada había visto en muchas caras.

 - Hola - salude con poco entusiasmo y dejo de ver hacia las estrellas y fijo su mirada en mi rostro diciéndome ¿por qué no las saludas a ellas? Cada noche lo hago y espero respuesta a mis preguntas pero solo me miran, tal vez no conozco su lenguaje, tal vez no conocen mi lenguaje.

 - ¿Cuál es tu lenguaje? -
 - Tu no lo entenderías, mi amigo, porque tal vez tu eres como ellos - apenas escuche aquellas palabras, mi corazón se lleno de un infinito interés y el estrecho mi mano y me dijo con sabiduría:

 - Ellos son como las rosas, son hermosas pero te lastiman, trataron de hacerme daño pero no lo lograron, me encontré a mi mismo entre montones de basura, entre mis amigos invisibles, entre castillos de sueños, entre mi nueva mentalidad. ¿ Vez aquel castillo en la colina? allí vive una hermosa mujer llamada "Soledad"; sus labios son rojos como la pasión, su piel, blanca como la nieve pero su corazón y su alma  son oscuros como la noche, dolorosos como una pena. Lo que me llevo a conocerla fue la curiosidad de saber cómo eran sus pensamientos; ahora vivo atado a ella pero he aprendido a  mirar su rostro pero no su alma. –

 -  Veo que te pareces mucho a mi, querido amigo. Mis noches y mis días son iguales a los tuyos. –

-          No lo creo caminante, porque mis noches son tus días y mis días son tus noches. –

-          Tus palabras son tocadas por la sabiduría y tu bondad es iluminada por la inocencia. –

-          Pero cuéntame, ¿Por qué has venido verme? –

-          Caminaba a través de la húmeda noche buscando una razón, una respuesta, mientras la suave llovizna rociaba mi tristeza, la brisa acariciaba mi silencio y mis ojos miraban más allá de lo profundo, quizás, hacia el vacio.

Mis pies pisaban mis sueños e ilusiones que caían frente a mí. Buscaba lo que había encontrado en mis verdaderos amigos si es que así debo llamarlos. Lo que la vida nunca me mostro y así llenar este vacío tan inmenso como el cielo, tan duro como una roca. Tal vez sea una búsqueda inútil pero seguiré buscando hasta más allá de los tiempos. –

 

-          Porque insistes tanto en buscar lo que yo halle? ¿Acaso no te has dado cuenta que podría tratarse de un ciclo interminable? ¿Qué si llegaras a cansarte vendrías y me harías compañía? –

-          Tal Vez tengas razón, pero mi vida no valdría o no sería nada sino lo consigo. –

-          “Tuve un hogar cierto día”. – Dijo con nostalgia y esta vez, mirando fijamente hacia ninguna parte.

-          Era un sitio enorme donde los que me trataban encerraban mi mundo de fantásticas realidades en una camisa de fuerza y mataban mi desahogo con calmantes, un lugar muy parecido  a lo que tu llamas mundo, pero está lleno de gente a la cual ellos llaman insanos, insanos por hablar a las estrellas, insanos por mostrar a los demás lo que sienten; ¿ y es que acaso es de cuerdos matar gente sin compasión, hacer cosas las cuales sabes que más adelante no causaran otra cosa sino nuestra destrucción? Trate de escapar escalando los acolchados muros de mi habitación hasta que mis alas se abrieron y volé pero esta vez a otra casa de insanos, mucho más grande sin murallas, sin camisas de fuerza, sin médicos. Pero dime caminante ¿Dónde te encuentras ahora? –

-          Exactamente no sabría decirte donde estoy, quizás este entre el presente y el futuro. La oscura neblina está cubriendo mis pasos y muchas visiones confunden mi mente. –

-           ¿Has buscado ya en el gran océano de tu alma?

-          Si; lo he navegado a través de tormentas espectrales pero cada vez lo conozco menos no es más que un mar de confusiones o tal vez el lejano eco que crees estar escuchando. –

-          Oigo tus pensamientos llorar y tu risa es tan incierta como los sueños. Tu día ya ha entrado a su atardecer y la noche no tardara en aplastarlo.

Y a lo lejos una sirena rompía el silencio, ahogándose entre la espesa niebla de la ciudad del tiempo perdido.

Un hombre se acercaba y mi amigo se escondió tras las bolsas de desperdicios.

No era más que un ebrio que se había perdido entre la oscuridad de la ciudad en decadencia, Otra víctima, quizás, de este hospital para maniáticos.

-          ¿Por qué te escondes; acaso le temes?

-          No le temo a él sino a su enfermedad, podría adueñarse de mí y me volvería cuerdo.

Y fue entonces cuando me miro fijamente pero su mirada parecía no dirigirse hacia mí, sonrió pero su sonrisa era confusa, una sonrisa con toques de ironía.

Metió su mano en una pequeña bolsa y saco un pedazo de pan endurecido por el tiempo.

-          Este presente me lo hizo un niño y es lo único que poseo; ¿Hermoso diamante no crees?

Una vez más sus palabras eran confusas pero llenas de sabiduría

-          Hoy en día la gente lucha y mata por conseguir diamantes como este?

Y comió un poco de él guardándolo luego en su bolsillo.

Esta vez se agacho, y miro de nuevo al firmamento, callado, quieto, sus labios no se movían, su mirada fija no era perturbada.

Luego sus ojos se empañaron de lagrimas y una de ellas broto bajando lentamente por su oscura mejilla, confundiéndose con las gotas de la ya débil llovizna, luego otra lagrima salió de sus enrojecidos ojos, pero seguía allí inmóvil, silencioso…

Seque sus lágrimas en vano y me levante del piso.

Seguí caminando recordando aquella conversación mientras me adentraba más en la noche de aquel día, en mi mente, concentrada en mi búsqueda, mientras mi sombra se proyectaba a un lado de la calle y mi cuerpo era lacerado por el frio.

De pronto, un fuerte sueño invadió mi persona confundiendo  cada vez mas mi mente, haciendo mis pasos cada vez más pesados y creándome alucinaciones, una extraña fuerza me invadió, haciendo reírme a carcajadas y entonces caí al pavimento siendo nublada mi conciencia.

Parecía un sueño profundo e interminable, rasgos de mi infancia eran mesclados con el presente, mis gustos, mis por que estallaban a velocidades increíbles, como una tortura interminable, a mi mente vinieron rostros de amores fugases que nunca volvieron, libros que había leído, música que había escuchado y fotografías, fotografías…..

No supe más de mí hasta que abrí mis cansados ojos y una vez más vi la luz del día  a través de aquella ventana.

  Aquella ventana que tantas veces había visto en mis sueños. Trate de levantarme de aquella incomoda cama pero me fue imposible, había varias personas a mi alrededor y entonces descubrí que mi nuevo “mundo de fantásticas realidades” estaba encerrado dentro de una camisa de fuerza.

                                                                  

Elfs

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