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Daniel Rivoira – Mi laberinto, desde el interior a lo efímero

Publicado: 06-02-2017
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Por: Ricardo Palmadessa

Buenos Aires, Argentina
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Daniel Rivoira – Mi laberinto, desde el interior a lo efímero

Muestra en Marq/Museo de Arquitectura, Av. Del Libertador 999. Martes a domingos de 13 a 20hs. Hasta mediados de marzo.

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La muestra del fotógrafo y arquitecto Daniel Rivoira, puede resultar abrumadora a primera vista. Son muchas fotos, cuarenta y cuatro, pero lo que abruma es el tema: una extedida serie de objetos de diversos materiales, duros y rústicos, sin brillo, desnudos, sin pintura. Metales, hormigón, maderas, cañerías, todos elementos que forman parte de cualquier obra en construcción, mostrados en distintas combinaciones, jugando entre sí y con la luz, con sus sombras, con reflejos en charcos, con el fondo del cielo, siempre en un blanco y negro muy contrastado y muy bien trabajado.

Nada de lo que vemos en las fotos, sin embargo, es estrictamente real. Nada permanece visible, más allá de la circunstancia de las tomas. Lo que vemos es real, pero ya no existe. Aunque el registro no es simplemente documental: no hay una intención de capturar en imágenes objetos que desaparecerán. Una obra en construcción es un organismo inerte pero en permanente transformación, por lo cual las fotos de Daniel Rivoira, una recopilación de situaciones, de rincones y de momentos registrados dentro de las construcciones en las que él mismo se desempeñaba como director de obra, congelan situaciones irrepetibles e invisibles. Al día siguiente las cosas ya no están en donde estaban: las maderas se desclavaron y se cambiaron de lugar, los puntales y soportes metálicos se quitaron, los andamios se desarmaron y armaron en otro lugar, las varillas de acero se cubrieron de hormigón, las cañerías quedaron dentro de una pared o detrás de un revoque. Además es notoria, pero justificable dentro de la lógica del tema, la ausencia de la figura humana. Puedo imaginar al colega Rivoira, esperando a que se hagan las cinco de la tarde y se hayan ido todos de la obra, para salir a recorrerla cámara en mano, a buscar por los inexplorados rincones, esas abstractas combinaciones, esos juegos formales, transformados en imágenes que sólo él parece ver. En su búsqueda encuentra tramas de metal sobre un fondo de cielo con nubes, tramas de maderas clavadas, de caños apilados que esperan su destino dentro de una pared. Éstas tramas prolijamente desordenadas, como las maderas que sostienen el encofrado de la estructura de hormigón, con una separación aproximadamente igual, una inclinación similar, una longitud parecida, conforman la informalidad de una construcción efímera, que se desarmará una vez cumplida su función. O la disposición de caños flexibles atados con precintos plásticos, que forman una creación geométrica inmortalizada en la foto, y que jamás se verá de nuevo una vez terminado el tabique. Las fotos nos muestran un mundo oculto para el común de la gente: el aspecto, las formas y la disposición de los materiales y las texturas que una vez terminada la obra, ya no existirán: las paredes estarán pintadas, las maderas y andamios habrán desaparecido, las armaduras y cañerías quedarán ocultas bajo las placas de porcelanato y las baldosas de los pisos, bajo alfombras y tablas pulidas y plastificadas, bajo las brillantes terminaciones del edificio finalmente habitado.

Las fotos muestran lo inerte, lo inmóvil de los elementos retratados. Sólo una de las fotografías muestra movimiento: unos paños de mediasombra que flamean en el viento, con un cielo luminoso de fondo y con un horizonte donde se sospechan montañas. Junto con otra en la que se ven montañas nevadas, son las únicas dos tomas que con un encuadre más abierto, muestran una referencia del contexto, de un exterior. El resto, absolutamente, son encuadres cerrados,  que sólo nos muestran la intimidad, el interior de los laberintos del autor, como si estuviéramos viendo nítidas radiografías de un edificio. Estos encuadres, estas fotografías nacidas de la curiosidad y del aguda mirada del fotógrafo, son el resultado de una busqueda apasionada de las mejores disposiciones, de las insólitas combinaciones de estos objetos inmóviles. Esta búsqueda que ni siquiera necesita de “la paciente espera del momento de equilibrio” de la que hablaba Stieglitz, sino que el movimiento y la paciente búsqueda están en el fotógrafo, que ve lo que nadie puede ver, y lo registra con la cámara.
Las fotografías, cuidadamente impresas y enmarcadas, rigurosamente seleccionadas (el muy buen catálogo contiene 84 fotos),  meticulosamente compuestas, mantienen el espíritu informal que el tema demanda: muestran lo desprolijo, lo aún sin terminar. Hay rigor y agudeza en el ojo del autor, que le dice en dónde y en qué momento hacer clic.

Es evidente en esta excelente y muy recomendable muestra, que el valor está en la originalidad y en el enfoque del tema. Hay un dominio técnico que subyace, y que está en función de la expresión: el manejo de las luces y sombras, el foco y el desenfoque como elementos de composición. La fotografía como disciplina crece cuando, como en este caso, el tema, el contenido que se expresa, aún en este grado de aridez y abstracción, es el protagonista de las imágenes, y la técnica es sólo un medio, un vehículo para la expesión.

Además la originalidad temática está en mostrar lo que no se ve, la materia de la arquitectura, y no la belleza formal del diseño de un edificio. Cada foto muestra momentos irrepetibles en lo efímero de un proceso. Muestra la crudeza y aspereza de los materiales, su organización particularmente geométrica, el esqueleto antes de cubrirse con la piel. Muestra la búsqueda de la belleza en la combinación efímera de los elementos comunes disponibles en una obra en construcción, con el sol, con el agua estancada de un charco, con el cielo y las nubes.

Me pregunto si ésta será una serie de fotografías dedicada a un público especializado (arquitectos, ingenieros, constructores), o podrá ser igualmente disfrutable por espectadores ajenos al tema.
De lo que estoy seguro, es que sorprenderá por su originalidad. Y sospecho que será placentera para el amante de la fotografía, que no dudo reconocerá en estas potentes imágenes la pasión y la creatividad de su autor.

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