Cuando Gutenberg inventó la imprenta, los monjes bibliotecarios dijeron: "no va andar". Por entonces, aquella impresión no tenía la calidad ni la belleza del sistema tradicional. Pero con el paso del tiempo y las mejoras técnicas, el nuevo mecanismo destituyó al viejo.
No hace falta retroceder tanto, sólo viajar al año 1991. En esa época (hace 10 años nada más) toda la industria gráfica discutía sobre los nuevos sistemas digitales para realizar fotocromos. Las veces que escuché: "esto no sirve", "como el sistema tradicional no hay", "es muy caro y la calidad es mala", "el diseñador gráfico jamás va a poder realizar un fotocromo, para eso está el fotocromista que tiene años en el oficio". Pues bien, hace tres años, es decir a siete de este evento, ninguna persona en su sano juicio iba a realizar los fotocromos por el sistema tradicional. Porque la tecnología avanzó y 7 años de desarrollo digital, es el equivalente a 200 años de tecnología analógica. Y el pobre fotocromista con años de oficio que no se capacitó, se quedó sin trabajo.
A esta altura usted se preguntará a donde quiero llegar, y la respuesta es: "no sé"... chiste chiste, en realidad es una introducción sobre un tema que planteó una lectora de este sitio sobre la vida útil que le queda a la fotografía tradicional; o sea, a rollitos y procesos químicos que contaminan y dañan al medio ambiente. Lamento decirle que a este método le queda muy poca vida. Para ser precavido le buscaría un buen jardín de paz y le compraría unas lindas flores.
Usted me dirá: "por qué" y tengo varias respuestas.
La primera y más obvia es tiempo, desarrollo y costos.
Hace cinco años atrás, las primeras máquinas de fotografía digital eran carísimas .(u$s 5000.- un modelo básico); la calidad era más mala que una cámara pocket, con el rollo vencido, después de recogerla del riachuelo. Mas bien era un producto para "nerds" con mucho dinero. Sin embargo, ellos fueron los pioneros que testearon la tecnología y permitieron que las empresas pudieran seguir diseñando sus productos, hasta generar una amplia plataforma de accesorios, un gran mercado de consumo y por ende una baja en los precios. Hoy se consiguen máquinas en un valor de u$s 100.-, que tienen mejor calidad que esos viejos equipos de u$s 5000.- o cámaras de u$s 1500.- que superan a sus abuelas de u$s 50.000.-
Ahora bien, en que mejoró la calidad; en dos aspectos: el primero las lentes. Fabricantes como Sony reemplazaron sus lentes plásticas japonesas por las de cristal alemán. En segundo lugar, el aumento de resolución, velocidad y sensibilidad del dispositivo sensor que es el encargado de convertir la imagen que entrega la lente en bits; en otras palabras toma el lugar de la película. Estos sensores son como una especie de celdas fotoeléctricas que ante una luz generan corriente. Las celdas se llaman CCD. En la actualidad, estos dispositivos necesitan una exposición muy corta para generar corriente, y es una de las principales diferencias con las cámaras antiguas, porque hace cinco años existían cámaras de alta resolución; pero necesitaban 2 minutos para completar una toma (hola estudio y hola trípode). El otro gran cambio es lo que se llama MEGAPIXEL. El pixel es la unidad mínima de información de una imagen digital, para ser más gráfico son los cuadraditos que se ven en una imagen cuando la ampliamos mucho. Como regla, cuanto más chico sea el pixel más calidad tendrá la toma. En los equipos viejos, cada CCD, tomaba la información de un pixel; por lo tanto se necesitaban muchos CCDs, lo que lo hacia costoso y lento. Con el megapixel, el CCD procesa muchos pixeles, aumenta la resolución, la velocidad y baja los costos de producción. También mejoró algo que no tiene que ver con la cámara en si, y son las impresoras. Estos aparatejos nos permiten mandarle las fotos de las vacaciones a la abuela Polola, que las puede guardar junto a su daguerrotipo de la primera comunión en su pueblito de Santa Fé.
El aumento de calidad, su simplicidad de uso y la baja de precios de estas impresoras permitió que muchas personas compren cámaras digitales en lugar de un equipo réflex, ya que puede llevar a papel cualquier foto sin tener que mandarla a revelar.
Hoy, empresas como Epson fabrican impresoras de alta resolución que usan 6 colores, logrando una gama tonal cercana a la diapositiva.
Otra respuesta posible al por qué de la muerte del sistema tradicional, es la practicidad, la flexibilidad y la velocidad.
Al desaparecer el revelado y con la excelente calidad de las pantallas visoras, el fotógrafo tienen una respuesta instantánea de su toma, lo que le permite poder repetirla en el acto y no tener que ir al laboratorio, revelar, hacer contactos y/o ampliaciones, para determinar la repetición de una toma; con el agravante de que no siempre es repetible.
Actualmente, uno de los campos de más aplicación es la fotografía de productos para catálogos, porque se reducen los tiempos y los costos a una tercera parte de lo que se necesitaba en el método anterior. Así mismo, el fotógrafo cuenta con programas de edición, como el Adobe Photoshop que le posibilitan hacer montajes, correcciones y ediciones de las tomas que son impensables con cualquier otro sistema. Sí, ya sé, usted me va a decir que utiliza su cámara profesional y que sus fotos las escanea y la trabaja en el Photoshop. Es cierto, pero en primer lugar no hay que revelar, y por ende ni siquiera escanear, con lo cual el ahorro de tiempo es gigantesco. En segundo lugar, un escáner utiliza el mismo principio de la cámara digital, con la desventaja de que pierde calidad. Porque a mayor cantidad de procesos a los que sometamos una imagen, los pequeños errores que tiene cada etapa se van acumulando y dan como resultado final un grave error.
La otra razón importante del éxito de las cámaras digitales es la preservación del medio ambiente.
El proceso de fabricación de los films y su posterior revelado necesita una cantidad apreciable de químicos. Estos últimos en general son arrojados al sistema cloacal (sin tratamiento previo), llegan a los ríos, contaminan las aguas y destruyen el delicado ecosistema de nuestra tierra. Si uno se pone a pensar, esas hermosas fotos sacadas en las vacaciones a Cataratas, terminarán matando ese paisaje y esa vida que tanta admiración nos provocó. Con la popularización de las cámaras digitales podremos sacar la foto de ese monito de la selva misionera sin tener que sentirnos culpables.
Bien, tendría más razones con la cual usted puede estar de acuerdo o no. Quizás quiera discutir algunos puntos expuestos o pensar que estoy totalmente loco. Está en todo su derecho, pero escuche este pequeño consejo: si no tiene una cámara digital, compre una y comience a experimentar. Si no sabe usar Photoshop, comience a estudiarlo, ya que el tren tecnológico pasa muy rápido y puede perdérselo. En consecuencia, corre el riesgo de quedarse afuera y para nuestra sociedad "quedarse afuera" significa dejar de existir y ser guardado en el museo al lado de los viejos daguerrotipos con el flash de magnesio.
Pablo Bozzone
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