La publicidad de cámaras digitales de una marca líder japonesa aparecida en la contratapa de la revista La Nación del 29-10-06 es una muestra de la cultura teotecnológica en la que estamos ingresando para, tal vez, nunca más volver. La tecnología en constante evolución ocupa cada vez más espacio en nuestras vidas y el ser humano le va cediendo lenta (a veces rápido) pero inexorablemente protagonismo.
Cuando miro el aviso publicitario lo primero que veo es la cámara con su cuerpo metalizado y su zoom de óptica excelente que me apunta, luego leo el texto que resalta sobre el fondo oscuro: “FOTOS PERFECTAS, SAQUE QUIEN LAS SAQUE”. Es entonces que en la penumbra descubro un ser que me observa mientras sostiene la cámara: un simio, un primate,… un mono. Y finalmente comprendo el mensaje y siento que la sangre recorre mi cuerpo a mayor velocidad y se agolpa en mi cabeza.
Tengo la sensación de haber sido insultado. Soy fotógrafo publicitario y profesor universitario, y desde 1970 estoy aprendiendo y enseñando fotografía. Siempre consideré que en la creación fotográfica el protagonista absoluto es el fotógrafo y la tecnología un instrumento para su concreción.
Me pregunto cómo se sentirá el usuario de estas cámaras que, después de gastar miles de pesos en su adquisición descubra que algunas de las fotos que sacó no sólo no son “perfectas”, sino que son francamente malas. Seguramente se acordará del mono y pensará en llamarlo para que lo asesore, o hablará con su terapeuta de que sacando fotos es peor que un primate.
En las clases, con los estudiantes que en un futuro serán publicistas, diseñadores gráficos, periodistas y licenciados en Ciencias de la Comunicación, trato que comprendan al proceso fotográfico como una sucesión de elecciones que deberá hacer el fotógrafo para que la imagen que tiene en mente se concrete en el resultado final. Esta publicidad parece decir: “Deje que estas cámaras elijan y decidan por usted que seguramente lo harán mejor”. Es un mensaje falaz.
Me parece oír: “Sólo se trata de vender cámaras para aficionados con un toque de humor”. Creo que, de tanto en tanto, los publicitarios deberíamos escuchar lo que estamos diciendo, porque estamos haciendo cultura y por el camino descuidadamente se nos van cayendo valores esenciales.
Finalmente quiero aclarar que no tengo nada contra el mono fotógrafo. Estoy acostumbrado a la competencia de estos días.
Juan Carlos López Chenevet
julopez@unimoron.edu.ar
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