Hemos transitado muchísimos años por las salas de nuestro foto club y hemos tenido oportunidad de conocer muchísimos otros fotoclubes en sus diferentes versiones, desde aquellos que se conformaban por cuatro o cinco fotógrafos y una cabina telefónica les alcanzaba para reunirse, hasta aquellos –como el nuestro– con un edificio de cuatro pisos y mil quinientos metros para su uso por los socios.
Cada club puede contar su historia y por supuesto que nosotros respetamos tanto a los que se reúnen en la cabina telefónica, como a los que lo hacen en un café o en algún ámbito prestado.
A esta altura del partido, pareciera que el “lugar” o la sede es lo de menos, entonces, ¿qué ha quedado de la historia fotoclubística de nuestro medio?
¿Quiénes somos? ¿Qué hacemos? ¿Cuál es el futuro? ¿Y cuál es el modelo?...
Muchas preguntas para a una respuesta difícil. Nos proponemos pensar juntos, debatir y hasta crear una polémica, esperamos productiva, cuanto menos para saber o descubrir qué modelo, qué proyecto no queremos o, más fácil, quiénes no queremos ser.
Sé que habrá muchas sonrisas socarronas –no padezco de un delirio paranoide–, pero quedará claro mi absoluto respeto por todos y cada uno de los fotoclubes y sus miembros –muchos de ellos, queridos amigos– sin importar en lo absoluto si tienen sede en una cabina telefónica o en un edificio pensado para otra época –como el nuestro– y sobre todo para otro proyecto.
¿Qué tenemos hoy? ¿Qué espacio social, artístico o estético tenemos? A la vista de la proyección en los ámbitos sociales y del “gran público” o de los “medios”, por parte de los autores que frecuentamos el circuito fotoclubístico se puede responder que dicho espacio es poco o muy escaso.
Dicho en otras palabras, tenemos poca difusión, lo nuestro no es un arte solo –con piadosa resignación y bronca– un hobby, sí un pasatiempo, como coleccionar estampillas…
Nos hemos preguntado a qué obedece semejante fenómeno, qué ha sucedido con los fotoclubes –como el nuestro– y otros que han crecido a expensas de los “pases” inspirados, casi siempre por rencores no resueltos entre pares, sea por envidia o simplemente por estupidez.
Allí está el Foto Club Buenos Aires, intentando descubrir otro perfil, otro modelo; un modelo que no esté vinculado a la exclusión de los socios o a la creación de diferencias entre aquellos que cultivan la fotografía que les “gusta a los jurados” y que por esos fenómenos extraños se ponen de moda.
Por cierto, en este mundillo “fotográfico” que habitamos hay modas y las modas pasan; los jurados “nos olvidamos” pronto y los criterios de selección suelen ser dogmáticos, rígidos, llenos de esquemas premoldeados –asumo la parte que me toca como autor y como jurado–, pero estamos empeñados en dar el debate. Hoy están de moda los retratos de paisanos, mañana las campiñas sembradas, pasado las ovejitas patagónicas o los changuitos en estado marginal… A fin de cuentas, todas esas fotos también son la realidad.
Creemos que ha llegado el momento de repensar el modelo, y con esta nota intento hacerlo: repensar este foto club en el que nos hemos formado, en el que hemos aprendido fotografía y donde hemos cultivado grandes amistades; que nos representa y seguirá haciéndolo y donde queremos convocar a muchos más, sin exclusiones o “macartismos” estéticos (http://es.wikipedia.org/wiki/Macarthismo).
Frente a este cuadro de situación nos preguntamos: ¿por qué los espacios públicos como la Foto Galería del Teatro San Martín –cuyo curador es nuestro ex socio Juan Travnik–, o el Centro Cultural Recoleta, o tantos otros espacios como los museos o galerías de arte no exhiben nuestras obras y no tienen cabida para nuestros autores? ¿Es posible que nuestros espacios estén reservados solo a los zoológicos?…
¿Quién nos representa?
Es función de la Federación Argentina de Fotografía dar cursos generales y comportarse como un Foto Club más, o debe buscar esos espacios perdidos, pensando y repensando el modelo fotoclubístico, cuyo crecimiento sin exclusiones estéticas o bajo esquemas preconcebidos nosotros propugnamos y hemos difundido en las asambleas y en los pasillos institucionales. Esos que han popularizado la famosa frase “esta foto para salones NO VA” o “qué buena foto para salones”. ¿Será porque esas fotos están alineadas en esquemas premoldeados?
Lo que definitivamente está agotado y probablemente no va más es este modelo.
Esto me ha llevado a plantear en la Federación Argentina de Fotografía la urgente puesta en marcha de políticas tendientes a renovar el modelo, a ocupar espacios públicos a dar el debate sobre la exclusión del “fotógrafo con carne…”. Hasta ahora no han podido, no han sabido o no han querido…
No tenemos respuestas premoldeadas, solo preguntas. Estamos preocupados y ocupados en nuestra propia búsqueda, que será para todos y que compartiremos con todos. El tiempo nos dirá cuál ha sido el resultado de la búsqueda.
Luis Steinberg
Presidente en ejercicio
del Foto Club Buenos Aires
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