La Asamblea Extraordinaria de la FAF resolvió prohibir a los miembros del Comité Central participar en concursos auspiciados por la institución, al tiempo que repudió su intento de ejercer censura y le exhortó a que se disculpara ante el sitio web Fotorevista. Sin embargo, en su dictamen, el Comité dice que no lo hará.
En la Asamblea Extraordinaria del pasado 27 de octubre de la Federación Argentina de Fotografía (FAF), convocada para tratar la denuncia formulada por el Grupo Fotorevista referida a que miembros de su Comité Central habían obtenido premios en efectivo en un concurso auspiciado por la institución y, por último, su intento de silenciar al sitio web FotoRevista porque les criticaba, los delegados condenaron tales conductas.
Por su parte, la FAF pudo demostrar que en las bases de participación del concurso “Rompiendo Barreras” no se establecían exclusiones para participar a las personas vinculadas a los organizadores.
En cuanto a la “controversia” surgida por el hecho de que dos de los premiados, que a su vez son miembros del Comité Central, residieran en la Provincia de Buenos Aires en lugar de la ciudad de Buenos Aires tal como lo establecía el reglamento del concurso, la Federación recurrió a la sutileza de diferenciar el lugar de “residencia” con el “domicilio”, interpretando que era suficiente con tener cualquier tipo de “domicilio” en la ciudad de Buenos Aires para estar habilitados a participar.
En relación a la propuesta del Comité Central de impedir críticas hacia su gestión, ahora sostuvo que, por el contrario, “fomenta y alienta la libertad de expresión”.
Lo cierto es que resulta difícil de entender como puede ser “alentada” la libertad de expresión y, al mismo tiempo, solicitar que se tomen medidas para que “cesen” las críticas. Eso es, como mínimo, una bipolaridad conceptual.
Finalizado el debate, fueron aprobadas las dos mociones presentadas por el presidente del Foto Club Buenos Aires, Luis A. Steinberg.
La primera dice: “Por no estar contempladas en las bases del concurso Rompiendo Barreras no se podrá aplicar una sanción material contra los integrantes del Comité Central que participaron en dicho concurso y, por lo tanto, se establece una condena moral a los acusados”.
Agrega, y esto es lo más importante, “establecer a partir de la fecha que ningún integrante del Comité Central, presente o futuro, podrá participar en concursos fotográficos externos patrocinados o auspiciados por la FAF” y que esta condición “debe figurar además en las bases”.
Respecto al pedido del Comité Central para que se tomaran medidas tendientes a impedir las críticas hacia su gestión a través del sitio Fotorevista, fue votada la otra moción propuesta por Steinberg: “Esta Asamblea considera que los términos en que fue hecha la convocatoria en el punto 4º es nula de acuerdo a la redacción del mismo” debido a que “podría constituir un menoscabo sospechado o potencial de la libertad de prensa que este cuerpo de delegados repudia. Además, exhorta al Comité Central a realizar un pedido de disculpas al medio www.fotorevista.com.ar por el intento de censura que podría implicar los términos de la convocatoria a Asamblea”.
La sorpresa mayúscula se produjo pocos días después, el 8 de noviembre, cuando en una carta que tiene la firma del presidente del Comité Central de la Federación Argentina de Fotografía, Jacinto González, y que está dirigida a los asociados, se desconoce en los hechos las decisiones de la Asamblea.
Dice González que “la condena moral aplicada a este Comité es de imposible cumplimiento”, sin detenerse a pensar que tal condena es en sí misma fáctica: han sido reprobados moralmente y punto.
Más adelante, en otro gesto de rebeldía ante lo que decidió la Asamblea, el presidente de la FAF dice “que la exhortación formulada (de disculparse ante Fotorevista) no es aplicable por cuanto jamás se cometió delito alguno”. El señor Jacinto González debería saber que es la justicia la que determina si existe delito. La Asamblea, en cambio, les pide que se disculpen por semejante inconducta.
Lo que no deja de llamar la atención es cómo los miembros de un Comité Central que comete esa seguidilla de torpezas, e insisten en las mismas al extremo de desconocer el mandato de una Asamblea, logren mantenerse en sus cargos.
A. Becquer Casaballe
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