Testigo / Gustavo Osmar Santos

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"Testigo"

Gustavo Osmar Santos

Buenos Aires, Argentina
gusossantos@yahoo.com.ar
http://gusossantos.blogspot.com
 Volver En general el hombre sabio no dice su sabiduría: la muestra. Le encarna vida, una vida que, por eso mismo, irradia sentido, se muestra sabia.

El sabio es un testigo, no un profesor. Lo suyo no es impartir un conocimiento sino testimoniar una experiencia y por eso, porque en sus palabras está involucrada y manifestada su vida, más que profesor es “maestro". Enseña lo que vive, no lo que sabe, o, en todo caso, sabe viviendo, testimoniando la vida.

El testigo de la vida, el sabio, da testimonio, no ejemplo. El ejemplo siempre implica un "piensa como pienso yo", un "imítame a mí", en cambio en el testimonio el valor se pone en lo experimentado, en la vida, no en quién la experimenta.

El testigo se borra para que aparezca lo testimoniado, para que aparezca en aquel que recibe el testimonio. Quien da testimonio da, quien se pone como ejemplo, por el contrario, busca atraer, retener, no dar.

La vida da, siempre y a todos, la posibilidad de experimentar un nacimiento y una muerte, un tiempo de desamparo y un tiempo de cobijo, el peso de un error y la libertad de un perdón, da la soledad y da el amor...

La vida da a todos, y siempre, su decirse, su manifestarse: su experiencia.

Sabio no se es de una vez para siempre, sabio es el sostenimiento de una relación con la vida, es una escucha a la vida, a su decirse, su rebelarse, su contamos en lo que nosotros vive y vivió. El sabio sabe, va sabiendo y respondiendo, a eso que da la vida: la propia vida de quien la vive. Su unicidad, su singularidad, no es cuantitativa, no es singular por ser una sino por ser irrepetible, por ser original. Por ser ese don de ella que somos cada uno de nosotros, eso que respondiendo vamos siendo, vamos viviendo.

Quizá haya una sola condición para devenir sabio, para encarnar la vida conscientemente, vitalmente: hacerse vulnerable a ella, exponerse a lo que nos trae, padecer lo que nos ofrece: dejarnos tocar.

Permanecer cercano a su temblor inicial, a la vida antes, de separarse de ella misma, antes de transformarse en nuestro plan, en nuestro proyecto, en eso que suele ser mero interés o usufructo, eso que más que vivir es funcionar.

El “vivir" del "funcionar”, el sentido del sin sentido, están separados apenas por un paso: el paso apurado, el de la rapidez, el que nos saca de la vida, el que no lo marca el latido sino el reloj. Por esto, tal vez, hay tan pocos sabios, por esto, tal vez, corremos tanto, giramos, sin saber detrás de qué.    El límite de la fotografía es nuestro propio límite
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