La vuelta del Che... / Federico Tovoli

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"La vuelta del Che en Bolivia"

Federico Tovoli

Toscana, Italia
http://www.effetovolifotografo.it
 Volver © 2007 Federico Tovoli y Almayer Edizioni (Italia)
traducción de Tatiana Ingaramo


Para todos los progresistas del mundo entero, el “Che”, Ernesto Guevara de La Serna, Che Guevara, el Comandante, es un personaje determinante, que en vida ha hecho y escrito muchísimo, y después de su muerte aquello que hizo fue relatado, cantado, impreso en papel, para no ser olvidado.

Una gran contribución a la univeridad de su persona lo ha dado la foto de Alberto Korda en el 1960. Años depués, esta imagen se transformará en símbolo para la juventud del mundo entero. “Tu ejemplo ilumina un nuevo amanecer”, esta escrito sobre su monumento en La Higuera, a pocos metros de donde murió: quizás la frase más apropiada para explicar hoy la figura del Che, incluso en Bolivia.

Pasaron cuarenta años de aquel otoño de 1967, donde en el sudeste boliviano y en todo el país, después de decenios de oscurantismos, la figura y el contenido ideológico que se arrastra volvieran al proscenio.
Aquel levantamiento latinoamericano que el Che hipotetizó y buscó poner en marcha a fines de los Sesenta se está concretando ahora de manera democrática, en medio de tantas contradiciones y problemas.

Años atrás, a los indios Guaraní de las comunidades limítrofes en Lagunillas, donde se encuentra la finca Ñancahuasú de la cual partió la guerrilla, les vino en mente aprovechar turísticamente aquella zona de colinas del departamento de Santa Cruz, que fue teatro de la desafortunada guerrilla del ’67.

El proyecto fue finanziado mucho antes de las elecciones presidenciales de Evo Morales, y consecuentemente al momento de cambio que actualmente está viviendo Bolivia. En el 2004 el proyecto había recibido los financiamientos internacionales, pero no se puede hablar de la Ruta del Che como de un itinerario de vinos en Renania o como de la zona de Cotentin que fue protagonista del desembarco en Normandía.

Hay tres bellos museos, algunas lápidas que algunas veces citan famosos pasajes del “Diario del Che en Bolivia”, pero el resto es la desorganización total, desde el sitio oficial www.rutadelche.com que no funciona (controlado la última vez el 29 de abril del 2007) a personal de los museos que brindan información errada respecto a los diversos puntos que conforman la Ruta del Che.

En Camiri, tranquila capital petrolera del país, está sin embargo la sede de la Cuarta División del Ejército, que dio la caza y que detuvo a los prisioneros. Camiri contó con un detenido famoso: Regis Debray, parisino que en un proceso que marcó época vino condenado a treinta años por complicidad con la guerrilla.

La biblioteca adaptada como un aula de proceso es ahora una cámara mortuaria del Sindicato de los Trabajadores del Petroleo, la celda donde fue detenido es una reliquia al interno del circulo militar.

Un poco oculta del caos de la calle comercial, en el hotel Londres, hay una lápida donde fue encontrado el jeep y una faja de documentos de la guerrillera Tania, aquella Tamara Bunke cuyo rol era sobretodo de infiltrada.
El albergue es modesto como entonces, y orgullosamente el propietario señala el número 7 como la habitación de Tania.

Los guerilleros se autodenominaron Ejército de Liberación Boliviano; después de tres años de operaciones militares donde los nombres de los viajeros eran Tania y Regis Debray, eligieron la zona de Ñancahuasú como base de partida.

Coco Peredo compró una finca de nombre homónimo en el 1966, el Che se incorporó en noviembre de aquel año, once meses antes de la interrupción de su diario. La zona era relativamente inaccesible y poco habitada, situada a 68 kilómetros al norte de Camirí, en la región de Lagunillas.

Lagunillas es una aldea al pie de un monte, para acceder a ella se requiere al menos una hora por camino de tierra, y es una bendición que este pueblo tenga luz eléctrica.
En la aldea parece que el tiempo se hubiera detenido. No hay imágenes del Che a la vista, sin embargo ninguno se olvida de los protocolos oficiales como izar la bandera o una fiesta de la policía. Aquí se encuentra otro bello museo, recuperado de las celdas que habitaron algunos guerrilleros.
El bar del lagunillero citado en el Diario se encuentra en uno de los grandes ángulos de la plaza, pero está cerrado desde hace años, tiene sólo la placa conmemorativa de la Ruta del Che.

Edgar Pedroso ha construido su casa de Aguará Grande cinco años después de la guerrilla, conoce los lugares porque era cazador; vive como todos los oriundos de aquellas partes, de sus campos de maíz y de sus vacas, haciendo crecer su gran familia en una casa grande sin agua corriente ni electricidad.

La idea de hacer visitar la Ruta a los turistas parecía haber iniciado bien, dice Edgar, habían explorado los lugares y habían guíado gente extranjera a caballo, único medio para llegar a los puntos exactos, para hacerlos admirar y conmemorar.

Después, probablemente la inexperiencia, un mayor interés de las personas por los campos y no por los turistas, han hecho abandonar la idea.
Lucido Aldunate, actual propietario de la finca, parece tener intenciones de tener alejados a los turistas, e incluso ha demolido la Casa de Calamina, donde los primeros días se alojaron los guerrillleros.

Una vez que tomaron confianza con el terreno los guerrilleros empezaron con las acciones de emboscadas y reivindicaciones, se dividieron en más grupos, se movieron hacia el noroeste, siguiendo el río Ñacahuasú hasta Rio Grande y desde allí a lo largo del curso del Masicurí.

Dentro el grupo llamado Joaquín estaba la bella Tania, que se dice pertenecía a la KGB; traicionados por uno de sus huespedes el 31 de agosto, fueron sorprendidos mientras atravesaban el Río Grande en la localidad de Puerto Mauricio.

Se salvó un sólo guerrillero, el cadaver de Tania fue encontrado ocho días después y transferido a Vallegrande, donde estaba Carlos Rios que para entonces tenía trece años. Jubilado y residente en el pequeño caserío Yeso, Rios recuerda a Tania y al Che; era amigo de aquel sobrino de Mario Teran quien cometerá el asesinato del Che, tenía accesos a Vallegrande distintos al del resto.

Caminando a los largo del Río Grande en Puerto Mauricio, da una mirada sobre las consecuencias de la guerilla; Honorato, patrón de casa y delator, viene condecorado y gana un transferimiento de Puerto Mauricio. Fue sorprendido mientras dormía y asesinado, la misma suerte que corrió Mario Teran quien no obtuvo nada de todo aquello que le habían prometido por asesinar al Che.

El cadáver del Che llega a Vallegrande sujeto a los patines de un helicóptero; la noticia tuvo tanta resonancia que empezaron a llegar periodistas de todo el mundo. En la Paz, así cuenta Mary Albort, fue organizado un vuelo para Vallegrande donde el cadáver fue expuesto y fotografiado en la famosa lavandería del hospital Señor de Malta.

Las fotos célebres de aquellos hechos están distribuidas a lo largo de todo Vallegrande; tiene también una en su casa Susana Ocinaga, quien lavó el cadáver. La señora anciana que a partir de la jubilación se dedicó a criar dos huerfanos minorados, tiene un buen recuerdo del personaje, que como ella dice, dejó su sangre, sus cenizas en Vallegrande y “estará siempre entre nosotros”.

Aparte de los informes mensuales del “Diario del Che en Bolivia”, donde él mismo se lamenta de la falta de adhesión de los campesinos, el Poder y la Iglesia tenían un gran control de las masas: había miedo, desconfianza y poca cohesión entre la población.

Cuando el sacerdote decía que habían llegado los revolucionarios comunistas desde el extranjero “para matar a nuestros soldaditos”, la gente le creía; a lo que se sumaba el hecho que el Che hablaba con acento argentino y los bolivianos son muy nacionalistas. A la teoría del extranjero hace eco Xavier Sarabia, “cinquentón”de la alta sociedad boliviana, quien sostiene que las primeras dos emboscadas fueron actos criminales ya que sobre el campo de batalla quedaron soldados muy jóvenes prácticamente desarmados y que, cuando llegó la primera milicia los guerrilleros escaparon y el Che, una vez preso, había comenzado a llorar. En otra versión dejada por los mismos soldados que lo habían capturado no hay ningún rastro de lágrimas sino de un comportamiento digno.

Quien defiende en vez la dinámica y la carátula idealista de aquella guerrilla es “Chato” Osvaldo Peredo, clase 1941, médico y consejero comunal del Mas en Santa Cruz, hermano de Coco e Inti Peredo que estabán con el Che en la guerrilla y que fueron asesinados.

“Debía ser un centro de entrenamiento para la guerrilla”, dice el anciano con una larga historia de militancia sobre los hombros (en prisión por primera vez a los trece años por haber vendido la “unidad”, órgano del Partido comunista boliviano) y ahora gestor de una clínica privada y persona muy requerida en la municipalidad de Santa Cruz.

Habla sobre cómo en el ’64 el Che había previsto en un discurso en la ONU que, la revolución en Sudamérica llegaría al final de la mano de las masas campesinas desheredadas y autónomas. Cuenta cómo Bolivia viene elegida por su posición estratégica al confinar con cinco países distintos, por lo que resultaba el lugar ideal desde donde hacer partir aquellos famosos “Diez, cien, miles Vietnam” contra el imperialismo yanqui.

Pero probablemente los medios de comunicación bolivianos eran más potentes que la ideología, a lo que se suma el hecho de que la gente del sudeste boliviano es de índole bondadosa e ingenua, y que el partido comunista (esto es un hecho histórico) volvió la espalda a la guerrilla.

La lavandería del hospital tuvo suerte de haber permanecido un tugurio abandonado; restaurado del Rotary local forma parte del giro turístico de una fantasmal Ruta del Che que parece más segura en el mapa que en vivo.

Lo dejaron ahí más de diez horas, expuesto a la curiosidad macabra de la gente y como trofeo de los militares, después, junto a los otros seis cadáveres provenientes de la Quebrada del Yuro (cuatro murieron en batalla, el Che y otros dos fueron pasados por las armas dentro de la escuela de la Higuera), después el ocultamiento.

Desde casi diez años aquella fosa común debajo de la pista del aeropuerto es sólo un mausoleo, los restos del Che están en Cuba, resposan en la histórica Santa Clara, en vez aquí, siete piedras recuerdan los personajes sepultados.
El Che está por todo Vallegrande, partiendo desde el museo municipal introducido en el circuito de la Ruta del Che, hasta la copistería Milta, donde hay una modesta colección de posters, prendedores y una discreta bibliografía sobre aquella guerrilla.

El café “Santa Clara”, en el ángulo de la plaza principal, es otro de los lugares sagrados dedicados al Che, y no sólo: propiedad de un pintor, es un extraño restaurante-galería de arte, lleno de cuadros y frases del Che.

La Higuera está dentro de la comuna de Pucará, después de 45 kilómetros de tierra y baches, aquí no hay albergues para los turistas, pero basta preguntar y aparece un pensión muy informal, aparece un pequeño resturante cuyo menú está constituido por un sólo plato. A la noche, la luz eléctrica es sólo aquella proveniente de una decena de faroles a lo largo del pueblo, la gente se encuentra para una hamburguesa en el interior del negocio de Miguel.

Las imágenes del Che resurgen detrás de las paredes; él tenía que llegar para tentar de romper el cercamiento, nos llegaron los cadáveres de tres guerrilleros (Miguel, Coco y Julio), emboscados a la altura de Batán el 26 de Agosto del ’67.

Pucará tiene un gobierno de derecha, sin embargo la gente tiene un buen recuerdo del Che Guevara, todos dicen que era bueno y que luchaba por ellos. A pesar de no haberlo conocido. C.C., 72 años, en la habitación de ingreso de su casa tiene la bandera roja y el retrato del Che; su nieto Remi, con problemas de epasmos, es un gran fan: desde pequeño se sintía atraído por aquella figura, y juega con un parecido personal, a tal punto de llevar puesta siempre una boina con una estrella roja.

La higuera está cambiendo su nombre por la “La higuera del Che.” La leyenda del Che Guevara atraviesa la vida de los pocos habitantes de La Higuera; un cuadro resume gráficamente todos los movimientos de lucha latinoamericanos (incluso madres de Plaza de Mayo) y expone la celebre frase: “El verdadero revolucionario es guiado por un fuerte sentimiento de amor”.

Doña Irma, propietaria de otro negocio de La Higuera, tenía veintitres años para aquella época; quita el forro a una foto del Che que abraza a una chica enana y a otra persona. “Diez días permaneció en aquella casa”; la foto es de época pero... ese no es el Che!

Doña Guadalupe es una de las guías de la comunidad, cuenta cómo el Che durante los tres días que permaneció en su casa prescribió y trajo medicinas para ella lactante y para su hermano un poco más grande.

Manuel Cortés vio aparecer los guerrilleros durante una fiesta, al principio la gente se dio a la fuga, la propaganda antiguerilla hablaba de mutilizaciones y violencias carnales. Pero cuando vieron que no tenían ninguna de esas intenciones hicieron fiesta con ellos.

La Higuera aislada como tantos otras centros de estas montañas, si no fuera por lo ocurrido en el ’67 habría permanecido en el total anonimato. En tal contexto es normal que la historia se transformase en leyenda: Che Guevara pasa a ser una especie de Garibaldi o Napoleón.

Creer o no en estas historias podría ser una cuestión personal; una fuente atendible es el Diario, ya que confrontado con el de otro guerillero da cuenta de los mismos datos. No se habla de los diez días pasados en la casa de aquella enana, que podría hacer referencia al último día de aquel Diario; sino que se habla vagamente de un buen recibimiento y un fiesta en Pichaco.

Sobre los dos días sucesivos es necesario atenerse a las versiones de los otros, visto que al Che le fue retirado todo. En la Higuera, lugar de peregrinaje para jóvenes y no tan jóvenes, en el escuela de la ejecución hay un museo que vale mucho más que un trekking a la Quebrada o al Batan: una clara fotografía de todo aquello que adviene. Las imágenes de Che o aquellas un poco más raras o descoloridas de la guerrilla casi desaparecen de frente a los paneles escritos con relatos, estrategias, mapas de las operaciones.

Desde el 14 de junio del 2006 los cubanos vuelven operativos al pueblo pero esta vez desarmados y en armonía con la población. La fecha es aquella del 78 aniversario de del nacimiento de Che; el presidente Evo Morales inagura en persona el presidio médico perteneciente a la Brigada Médica Cubana.

La operación se encuadra dentro de la campaña nacional para la salud organizada directamente desde Cuba: como en otros lugares de Bolivia los médicos cubanos llevan profesionalidad de manera gratuita. El presidio médico está limpio y es profesional; el Che, en una foto distinta a aquella que ha hecho historia, vigila desde la pared de atrás del escritorio.

Pero el doctor Lazaro no se limita al pequeño ambulatorio. A pie visita las comunidades más aisladas, llevando los medicamentos en la mochila, improvisa ambulatorios en las escuelas, recibe gente todo el día; la comunidad le da de comer, siguen sus consejos médicos, especialmente aquellos que se refieren a la higiene y a la alimentación, campos para los que no están preparados.

Por suerte están estos señores llegados desde el Caribe que también dedican su tiempo a enseñar a los campesinos las buenas reglas sobre dichos argumentos; médicos que, desde pequeños, como en todos los países socialistas fueron adeptos a la revolución o crecieron con el lema “Seguidores de la revolución quiero ser como el Che”.    El límite de la fotografía es nuestro propio límite
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