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El lenguaje de la iluminación - Parte I

Publicado: 19-12-2012
9023 visitas

Por: Michel Marcu

Buenos Aires, Argentina
http://www.michelmarcu.com
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El lenguaje de la iluminación
Parte I

 

Aprendiendo a ver

En este trabajo profundizamos en las propiedades de la luz y de las distintas superficies sobre las cuales ésta incide.  El objetivo es comprender las diversas situaciones que plantea la luz natural y prepararnos también para proyectar un esquema de iluminación de estudio.

Uno de los modos de aprehender la realidad física, como en el caso de la iluminación, consiste en acordar definiciones que permitan establecer un código, un terreno común de comprensión.  
Comenzamos planteando y definiendo los elementos que participan de la compleja estructura de un esquema de iluminación, para reducirla luego a unos pocos conceptos básicos que se convertirán, finalmente, en las herramientas que requiere la práctica.
Las propiedades que estudiamos están todas vinculadas entre sí y veremos luego de qué modo se interrelacionan y cómo es posible independizar hasta un cierto punto una propiedad de las otras.

 

La transmisión de la luz
Para los fines de este estudio, nos centraremos solamente en las propiedades geométricas de la transmisión de la luz,  utilizando para esto el concepto de haz de rayos luminosos.  El rayo luminoso es tan solo una simplificación apta para describir la propagación de las ondas electromagnéticas en la mayoría de los medios materiales.
Los haces de luz pueden clasificarse en tres tipos: divergentes, paralelos y convergentes.  Las diferencias entre las tres categorías se manifiestan esencialmente en las relaciones de luz y sombra que producen sobre el objeto.

 Foto 1

 

Haz divergente
En el haz de luz divergente, como es el caso de la mayoría de las fuentes de la naturaleza, de una simple bombita eléctrica o una vela, la radiación parte en todas las direcciones y, generalmente, con una distribución no regular, es decir con preponderancia hacia unas direcciones más que hacia otras.  

Haz paralelo
Cuando el haz de luz es paralelo sus rayos se emiten en una sola dirección,  este es por ejemplo el caso del sol, que por hallarse a muy gran distancia con respecto a la Tierra, ilumina a esta con un haz de radiación que puede considerarse paralelo.

Haz convergente
El haz de luz convergente es aquel que concentra los rayos luminosos en un punto, tal como lo hace una lupa, una gota de agua, una lente.  Este es el caso menos frecuente en situaciones naturales, pero se utiliza a menudo en condiciones de iluminación artificial

Esta noción de haz luminoso nos servirá para comprender en forma más sutil los efectos de los distintos tipos de superficies de reflexión.

 

Las superficies
El conocimiento de las superficies sobre las que incide la luz es fundamental para comprender realmente lo que ocurre con la iluminación, no debemos olvidar que lo que vemos no es ni la luz ni la iluminación, lo que se ve es el encuentro de la luz con la materia.
Cuando la luz incide sobre una superficie puede ocurrir que rebote o que penetre en la materia,  en el primer caso se trata de reflexión y en el segundo de translucidez.
Veremos que según sea el tipo de reflexión esta puede ser especular o difusa y que la translucidez también puede variar desde la transparencia hasta la difusión.  De este modo podemos clasificar las distintas superficies según estas propiedades que, en la mayoría de las veces son una combinación de distintos factores.
Una superficie puede reflejar parte de la luz en forma especular y difundir por su translucidez lo que no fue reflejado,  como un vidrio despulido por ejemplo.
El color es también una propiedad fundamental en la capacidad de reflejar o transmitir la luz:  las superficies más oscuras absorben la luz en mayor medida que las claras.

 Foto 2

 

Reflectivas o especulares
Para que una superficie sea reflectiva, o especular, es necesario que sea lisa, tal como el metal brillante, líquidos en reposo, o espejos.  Se trata, sencillamente, de aquellas que nos permiten ver una imagen virtual.  El efecto de espejo aparece en todas estas superficies.

Transparentes y translúcidas
La luz atraviesa las materias transparentes pero siempre existe una parte que se refleja en la superficie,  estos son los reflejos que vemos en una vitrina, por ejemplo, o en el agua inmóvil de un estanque. La propiedad de transparencia es la que hace que los rayos luminosos que atraviesan la materia no se difundan en todas las direcciones, aunque puedan cambiar su ángulo de propagación.
Por el contrario, materia translúcida es aquella que deja pasar la luz pero en su interior los rayos se difunden en distintas direcciones, el papel de calco, telas livianas, placas de policarbonato, por ejemplo.
Existen distintos grados de transparencia y están vinculados con la proporción de intensidad luminosa que atraviesa el material.

Difusoras
Una superficie difusora es aquella en que los rayos de luz que inciden son reenviados en distintas direcciones y esto ocurre tanto con superficies opacas como con superficies translúcidas,  cuando se produce el fenómeno de difusión, cada punto que recibe luz se convierte a su vez en una nueva fuente de luz divergente, tal es el caso de la niebla, de una cortina de tela expuesta al sol, de una pared clara y de la mayoría de las superficies rugosas o porosas. 
La difusión es el principio sobre el cual se basa la mayoría de los equipos que se utilizan en iluminación.
Una superficie difusora es útil para aumentar el tamaño de una fuente de luz.

 

 

Las fuentes de luz
Como ya hemos mencionado, la visión no puede discriminar entre lo que produce la luz y lo que la refleja, pero para comprender y analizar una situación de iluminación, así como para proyectar un esquema, es necesario desarrollar la capacidad de análisis de lo que se visualiza.
Percibimos que la luz es producida por dos tipos de fuentes: las fuentes activas y las pasivas.
Una lámpara eléctrica o de aceite, un flash, el sol, el fuego, un relámpago, son fuentes activas de luz,  reciben energía de algún medio y la convierten en radiaciones luminosas.
La luna, que refleja los rayos del sol, una pared clara, la piel humana, telas, son fuentes pasivas de luz, ya que reciben las radiaciones luminosas y reintegran una parte de ella, según sean las propiedades de sus superficies, por reflexión o por translucidez.   

Podemos establecer un límite entre ambas definiciones y considerar que cuando un reflector o un difusor es solidario de una fuente activa es también una fuente activa, por ejemplo una lámpara y su pantalla, mientras que un reflector independiente constituye una fuente pasiva.

Cuando el cielo está totalmente cubierto, las nubes iluminadas por el sol se convierten en fuentes de luz pasiva, cada partícula de humedad en suspensión en el aire se convierte en una pequeña fuente de luz.
Lo mismo ocurre, en menor medida, con el aire de la atmósfera terrestre, aún cuando se trate de un día claro y luminoso.
Cuando observamos un paisaje, por ejemplo, si el sol no se encuentra visible, veremos sólo fuentes de luz pasivas,  lo mismo ocurre en una escena teatral en la que las luces están ocultas y sólo vemos su efecto sobre la escenografía y los personajes. 
En las fotografías del espacio exterior, dónde no existe la atmósfera, las zonas que se encuentran en sombras están en total oscuridad ya que no reciben luz de ninguna fuente pasiva.

 Foto 3

Tamaño de la fuente de luz
Una propiedad importante de una fuente luminosa (activa o pasiva) es su tamaño relativo,  una medida de este tamaño es el ángulo con el cuál se ve, desde el objeto, a la fuente de luz.  El sol es una fuente de dimensiones inmensas pero su distancia a la Tierra es tal que lo vemos como una fuente de luz pequeña, que llamamos puntual

Por el contrario, una ventana abierta al cielo aparece como una fuente no puntual si nos hallamos cerca (siempre que el sol no entre por la ventana) y a esto llamamos fuente difusa porque, desde el punto de vista del que recibe la luz, se ve una superficie luminosa en lugar de un punto.

Una fuente de luz alejada, puntual, hace llegar sus rayos en un haz paralelo y eso produce sombras bien definidas y recortadas, inversamente una fuente de luz amplia y cercana proyectará sombras de transiciones suaves.  Podría decirse que la fuente “envuelve” al objeto suavizando sus sombras.

En las figuras se observan las diferencias en las sombras producidas por una iluminación puntual y otra difusa.

 

 

 

Direccionalidad
Entre las propiedades que definen la relación de luz y sombra que se produce sobre los objetos, la más importante junto con el tamaño relativo es la dirección de la iluminación.  Una iluminación direccional es la que posibilita la identificación del origen de la fuente por la proyección de las sombras.  Una fuente puede ser puntual o difusa y también ser direccional, como la luz del sol o de una ventana abierta.
Un cielo cubierto, dónde el sol no se distingue es una fuente no direccional, basta con observar la ausencia de las sombras que deberían arrojar los objetos sobre el suelo. 
Por lo general una fuente puntual tendrá más posibilidades de ser direccional que una fuente difusa, sin embargo sólo en el caso de total difusión, dónde ya no se percibe ninguna sombra, perderá la fuente su capacidad de ser indicadora de una dirección.

Las propiedades vistas anteriormente y que se refieren al haz de luz, al tamaño relativo y a la direccionalidad tienen la particularidad de ser las que generan en la imagen la información relativa al espacio, a los volúmenes, formas, relieves, y texturas,  y estas propiedades quedan definitivamente fijadas al efectuar la toma fotográfica:  en efecto una vez realizada ésta difícilmente pueda modificarse la dirección de la luz o los efectos del tamaño de la fuente.  
Por otra parte las propiedades que se definen a continuación permiten un tratamiento posterior a la toma, y más aún teniendo en cuenta el uso de los modernos medios digitales de retoque de imágenes.

 

Luminosidad
La luminosidad está vinculada con la idea de cantidad de luz, es lo que evaluamos como oscuro o luminoso y cada fotografía puede tener una tendencia global en uno u otro sentido.  Una imagen de clima oscuro, “low key” como se denomina en la jerga fotográfica, puede tener una zona clara que se destaca sobre el trasfondo de oscuridad, inversamente se llama “high key” a las imágenes cuya luminosidad es en su mayor parte elevada.
La luminosidad puede ser globalmente alta o baja en una imagen mientras que pueden existir zonas de luminosidad local que sean diferentes de la tendencia general.

 Foto 4

Contraste
El contraste es la relación de luminosidad entre las zonas claras y oscuras de la imagen y es el resultado combinado de la presencia alternada de luz y sombra y de las características tonales propias del sujeto. 
Los distintos volúmenes y planos que conforman al objeto reciben la luz de diferentes maneras, según su orientación, y la reflejan de acuerdo con sus propias características. 

El contraste, al igual que la luminosidad, es una magnitud que puede medirse con un fotómetro.


Nos encontramos con dos tipos de contraste:  el contraste general o global y el contraste local.  El contraste global es el que se mide sobre la totalidad de la imagen, mientras que el contraste local es el que se aprecia en puntos contiguos de una superficie, por ejemplo una pared rugosa, iluminada uniformemente en forma rasante, manifiesta su textura como la alternancia de pequeños puntos de luz y sombra, por lo que tiene un apreciable contraste local, mientras que su contraste global será escaso.

La luz ambiente es la luz difusa no direccional que ilumina en forma pareja todos los objetos desde todos los ángulos, y es la luz ambiente la que determina el contraste global de una imagen y esto es lo que brinda tanta importancia al control y reconocimiento de la luz ambiente
Cuando la luz ambiente es elevada el contraste es bajo, inversamente, al disminuir la luz ambiente el contraste aumenta.

 

Color
El color es también una de las propiedades cuantitativas de la luz, y es posible medir la temperatura de color de una fuente de luz para efectuar correcciones antes de la toma.  La temperatura de color es una magnitud que expresa la tendencia de la luz a ser más o menos azul o más o menos rojiza,  una temperatura elevada de color (5500ºK) es semejante a la luz del día, o de un flash, con tendencia al azul, mientras que una baja temperatura de color (3200ºK) puede ser producida por una lámpara incandescente y provoca una coloración rojiza en las imágenes si no se efectúan las correcciones necesarias.


Con estas definiciones de las propiedades de la luz nos encontramos en condiciones de apreciar analíticamente una situación dada de iluminación, podemos evaluar el cómo y, siempre que sea posible, efectuar modificaciones para obtener los resultados esperados.

 

Michel Marcu
www.michelmarcu.com

    FotoRevista no asume ninguna responsabilidad por el contenido esta nota,
siendo su autor el único responsable de la misma.
  

Comentarios (4)

Dejar Comentario 
Ana Rosa Hernández
ResponderAna Rosa Hernández21/12/12  09:26:20
muchas gracias por compartir la información es muy educativa y ayuda a tener una visión más clara de como podemos ver la luz
Ana Rosa Hernández
 
 
Paula Czepurka
ResponderPaula Czepurka20/12/12  15:12:54
Gracias por compartir
Paula Czepurka
 
 
Di Cesare Lopez Damian
ResponderDi Cesare Lopez Damian20/12/12  09:58:52
Muy buena publicación! Interesante!
Di Cesare Lopez Damian
 
 
Laura Jakulis
ResponderLaura Jakulis19/12/12  23:11:41
Excelente!!!
Laura Jakulis
 
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